LA RADIO de Pepe Solla, Santiago

Dicen que Santiago es más bonito cuando llueve. Mienten. Santiago es bonito siempre, es cierto que solo la lluvia es capaz de impregnar la ciudad de esa tristeza melancólica que junto al color de su piedra y ese brillo de espejo del agua deslizándose por el suelo se torna idílica.

Pero ahí están los días soleados que le dan luz a los colores ocres de sus calles y hasta los musgos de sus paredes parecen sonreír cuando son alcanzados por cada rayo de sol. Calles estrechas y llenas de vida, de gente de aquí y de allá que caminan soñando despiertos o buscando la meta de un largo caminar en el que se van llenando de experiencias y vida.

Un largo caminar también fue lo que le supuso a Pepe Solla  su sueño de ofrecernos en Santiago el concepto de una cocina diferente pero siempre con el saber hacer y la excelencia de Casa Solla. Una cocina llena de guiños a otros lugares, aunque la sensanción principal que percibes en cada plato es que lo estás disfrutando en Galicia. Platos llenos de sabor gallego y como principales protagonistas el pescado, el cerdo y una barra baja en la que la diversión está asegurada.

Comenzamos este deleite de sabores de Galicia con unos ‘petiscos’ cien por cien autóctonos.  Una versión más que interesante del caldo de gloria para la celebración en esos días del aniversario de Rosalía de Castro.

Y una típica empanada de la que poco podríamos decir salvo que rozaba la perfección.

San choi de oreja y seta escabechada. Todo el sabor del cerdo en una hoja de lechuga. Hasta la seta parece quitada de la propia `cacheira´.

Merluza meuniere y algas. Merluza de Celeiro sobre la famosa salsa francesa, envuelta en alga, la cual aumenta el sabor a mar, ya de por sí fantástico, de la merluza.

Mogote, hojas y mole verde. Trozo de carne de la zona del lomo del cerdo, súper tierna y sabrosísima, asada en horno Josper. El acompañamiento del mole verde la hace excepcional.

Souffle Solla. Y llegando al éxtasis que normalmente sufrimos con los postres los más golosos,en esta ocasión ese éxtasis se multiplica al probar tamaña obra de arte. Y lo de obra de arte no lo digo por su belleza (tampoco es para tanto) sino por su cremosidad y la sutileza del dulce, nada empalagoso, ni pesado, ni aburrido hasta la última de las cucharadas. Es muuuy recomendable.

Una visita a Santiago bien merece la pena. Y pasar por La Radio para redescubrir al Pepe Solla más dinámico y divertido pero siempre protegiendo y ensalzando el sabor del ingrediente principal, también. Una verdadera locura de sabor. Sabor a Galicia.

 

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